sábado, 21 de julio de 2007

"Un artista de las márgenes"




Entrevista a Adolfo Nigro (Publicado en la revista Notifé en Enero de 2005)


El mundo de Adolfo Nigro esta fuertemente vinculado a las márgenes de los ríos y las costas, ya sean del río Paraná o del mar Mediterráneo en Barcelona, donde también produjo su obra.

Pero fue en las márgenes del Río de la Plata donde Adolfo Nigro formó su concepción artística. En Buenos Aires estudió arte y en Montevideo conoció a su maestro, José Gurvich, discípulo de un artista que ideó toda una escuela rioplatense: Joaquín Torres García, quien a mediados de 1930, planteó desde Montevideo su orientación en el mundo con la obra: Nuestro norte es el sur.
Adolfo Nigro tiene su taller en Constitución pero lo que ve desde su ventana no lo atrae. En las telas que está trabajando se advierten las primeras formas de peces, redes y caracoles.
“Nací en Rosario y me formé en ese medio vinculado al río, pero los estudios de arte los empiezo en Buenos Aires. Mi padre se vino a la Capital a trabajar de obrero para una multinacional. Fue el momento de las grandes migraciones internas.
“Creo que pude estudiar porque en aquella época el país permitía que el hijo de un obrero pudiera cursar en la escuela de Bella Artes, con lo que cuesta estudiar arte, porque había que comprar los óleos, los soportes... De todas maneras, al no haber medios, siempre me incliné por trabajar sobre lo que encontraba: papeles de panadería, cartones de cajas de zapatos o de ravioles etc. Con mis amigos leíamos una literatura vinculada con la lucha por la vida, con el sobrevivir. Y en esos momentos nos preguntábamos cómo pintar, de qué vivir. Leíamos las Cartas de Van Gogh a su hermano Theo y nos enterábamos de su lucha por sobrevivir. Vincent era el ejemplo más claro de alguien que pintaba sin ningún objetivo de mercado, sino por una necesidad y una concepción.
“En ese tiempo yo pintaba en el patio de mi casa o en la cocina. Y nos llamaba la atención que alguien comprara obras. La pintura requiere de una dedicación permanente, entonces el problema para mí fue siempre el tiempo, el espacio y los medios para pintar.”



Buenos Aires
“En la escuela de Bellas Artes tuve grandes maestros como Víctor Magariños y Antonio Pujía, extraordinarios escultores y amigos hasta hoy. Ellos nos formaron con una idea de trabajar en profundidad, en un sentido no mezquino y utilitario, sino trabajar por trabajar, hacer arte por hacer arte y después vivir de lo que se pudiera.
“Mientras pintaba estudiaba a los maestros, copiaba obras de Rembrandt, Leonardo, Durero y simultáneamente comenzaba a estudiar el cubismo de Picasso.
“En los sesenta aparece el Instituto Di Tella, y allí por primera vez vi una muestra de Joaquín Torres García. El valor del Di Tella, independientemente de las actividades ´experimentales´ que hacía, fue que trajo obra importante de maestros europeos y latinoamericanos. Acá nunca habíamos visto originales de grandes maestros. Simplemente accedíamos a las reproducciones en los libros. Entonces cuando viajo por primera vez a Europa en 1975 a los 33 años, me di cuenta que había estado 20 años pintando sin ver una obra original de un gran maestro. En Barcelona, una gran retrospectiva de Miró me influenció mucho. Y en una obra donde el gesto de Miró es libre y de pronto el pincel chorrea y el chorreo de la pintura queda, me di cuenta que eso no se ve en las reproducciones de los libros. Recuerdo el nombre de esa obra: La lección de esquí. Esta obra reproducida es un todo chato y plano, no tenés la vivencia de su calidad pictórica. Por eso creo que la tendencia del arte argentino es la buena terminación, porque fuimos formados por reproducciones. Muy poca gente en 1950 podía viajar a ver a estos maestros. Estudiábamos los temas, la composición, pero lo principal, que era el gesto pictórico del ser humano expresándose, no lo veíamos. La finalización no era el valor de Miró, y en Picasso siempre su ejecución está subordinada a sus ideas, a su sensibilidad y sus sentimientos. El mismo caso de Torres García donde su ejecución es totalmente secundaria, incluso en sus obras deja fondos de cuadros anteriores. Entonces aprendí que en los maestros la concepción del arte y la expresión eran lo principal, no lo bien terminado de la obra.”

Montevideo

“En 1966 me voy a Montevideo y mi vida cambia bruscamente. Un pintor amigo mío, Ernesto Drangosch, se había ido a vivir a allí en 1965, y cuando vuelve a Buenos Aires trae las publicaciones de Torres García.
La visión de Torres García es el Constructivismo, una síntesis que incluye al Surrealismo, al Cubismo y al Neoplasticismo.
“Al llegar a Montevideo en 1966 me encuentro con lo que era el Taller Torres García, que después de la muerte de Torres en 1949, seguía funcionando con su discípulo, José Gurvich. Allí encuentro lo que yo quería hacer y a su vez mi punto de partida. Conozco a los hijos de Torres García, a su viuda Manuelita y a Gurvich, que ya en 1966 hace una ruptura interna con la concepción de su maestro y comienza a aportar a lo que es el movimiento constructivista uruguayo. 1966 sería el año de mi inserción en el movimiento que funda Torres García en 1934. Y mis maestros fueron los jóvenes alumnos de Torres.”
Te fuiste a Montevideo específicamente por una necesidad artística…
Sí, y además estaba la posibilidad de tener allá un taller para pintar. Era barato vivir, la ciudad no tenía el ritmo loco de Buenos Aires y tenía el río. Es decir, para mí Montevideo era una especie de vuelta a Rosario. Ya allí en 1966 dejo finalmente de trabajar en relación de dependencia. La orientación de Gurvich era no dedicarse a hacer otra cosa: pintar y nada más. ¿Cómo vivíamos? Bueno, el Taller Torres García como concepción planteó llevar el arte al objeto cotidiano: al vaso, a una bandeja, a una silla, al muro, a la joyería, etc. En el taller había un gran sentido de solidaridad entre todos. Me enseñaron a hacer cerámica y me contactaron con los lugares donde se podía vender, que era en las ferias de artesanías y de eso ya vivíamos. Luego vendo algún cuadro y me conecto con una galería importante que era la galería U, dirigida por Enrique Gómez.”



Influencias
“Uno va haciendo obra para que esas obras marquen un camino. Mi desarrollo de Cezanne a Picasso desembocaba lógicamente en Mondrian, y a la vez en Torres García, porque la relación con el objeto que tuvieron Cezzane, el cubismo y Mondrian es una continuidad. Mondrian viene del cubismo. No hay neoplasticismo sin cubismo. Entonces yo me formé en esa tríada, donde la preocupación es la estructura, la forma, el tono, la idea de planismo, es decir sin perspectiva, porque ésta plantea un solo punto de vista. A su vez esa idea de planismo es una práctica que impusieron los románicos, por otro lado el arte de los pueblos llamados primitivos por los europeos y un aspecto del arte africano. Muchas culturas anteriores a la era cristiana trabajaban en el plano. También sostengo, como lo planteó Cezanne, eso de ver la obra plástica con una relativa independencia de la realidad. No había por que someterse a una comparación de real y no real. El plano nunca va a ser real.”

Bases del Taller Torres García

“El planismo, la estructura, partir del color mental de la paleta, es decir, parto del rojo, del amarillo o del azul, no del color que veo. Invento una paleta. Ya Van Gogh lo había planteado. Van Gogh decía: estoy en un campo de trigo, observo la realidad pero yo parto de mi paleta. Ahí ya está la concepción. Es la paleta de él, no la de la naturaleza. El arte como una respuesta, no repetir lo que se ve, sino dar equivalencias. Cezanne decía lo mismo: crear un objeto autónomo. Entonces ya con el cubismo la pintura se plantea como un objeto autónomo, por eso se puede hablar del objeto. Torres sigue esa tradición modernista y hace objetos de madera y juguetes. Pero además pinta en materiales pobres y eso también fija una posición más allá de las necesidades prácticas y económicas. Eso implicaba aceptar la realidad de un país subdesarrollado. No somos Nueva York ni somos Europa. Y eso precisamente no era lo que en esos años se consideraba arte. La obra se presentaba como un hecho modesto, la pintura tenía que ser sin grandilocuencias, un cartón pobre, paletas bajas… En todo eso me fui identificando porque era donde se vivía, los talleres eran en la ciudad vieja de Montevideo, en el puerto, incluso en casas ocupadas. Entonces en los materiales pobres encontrábamos la posibilidad de crear. Eso ya es una estética y una posición.
“Torres venía con la posición de los monjes de los talleres del Renacimiento. El artista era como un artesano. También en el taller nos enseñaron a no estar con las novedades, como por ejemplo ver qué hacen en Nueva York y repetirlo. Siempre nos opusimos a eso y desde entonces siempre seguí mi camino. Mi producción nunca tuvo nada que ver con el desarrollo del arte argentino. No reniego: vengo del Taller Torres García y me desarrollé con José Gurvich.
“Otro de los conceptos es no producir una obra a base de información, sino a base de la vivencia. La pintura es un hecho humano, una vibración y algo que pone el ser humano de adentro. Que lo manche, que lo pinte, que lo raspe, que haga lo que quiera, pero es una acción humana la que está ahí. Ahí es donde queda la posible comunicación. Ahora la comunicación está masificada y mecanizada; hoy ya es otra la manera de comunicarse.”



Los elementos en tu pintura…
“Tengo una relación íntima con los objetos cotidianos. Entonces siempre en mi pintura está el ser humano rodeado del mundo de los objetos. También lo roto, lo que se deshace y lo que se está deteriorando también es un lenguaje. O lo otro, la regularidad, el contorno cerrado, la meticulosidad. Me dejo llevar con cada experiencia. Es subjetiva la elección, no hay un plan. Voy para todos lados simultáneamente. Hoy a la mañana estaba atando unos hilos y unas redes de pescadores, de tarde pinto una tela y a la noche puedo hacer un juguete o diseñar un cartón para hacer una escultura de bronce.
El mundo que yo ahora expreso es el de las islas, el del río y el de la costa. Voy asociando imágenes y eso ya viene del surrealismo. Voy pintando por ejemplo un bicho que se está comiendo un caracol, a la vez el caracol está entrando en una hoja, la mano del pescador agarra un cuchillo, lo clava, produce una herida en el pez y sale un chorro de sangre que se une con otro elemento. Siempre los contenidos son los que producen las formas. Y no me planteo un contenido previo, los contenidos están en mí y yo trabajo.”

¿Y cuándo fue tu primer Nigro?
En la década del ’80 cuando volví de Barcelona. Es por eso que todavía pinto temas del río escuchando música catalana.

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